Necesito de Ti como del aire, que si Tú, Dios, no fueras, hubiera de inventarte. ¿ Pero cómo crearte, si no sé pensar sin Ti ? Nada puedo en los límites de mi nada. Necesito hacerme río para adivinar la fuente; convertirme en encina para conocer el calor y el frío. Necesito hacerme criatura para llegarme a Ti. Y respirarte, Dios, para saberme hombre. Necesito de Ti como del aire, que si Tú, Dios, no fueras, hubiera de inventarte.
El, siendo de condición divina, no se apegó a su igualdad con Dios, sino que se redujo a nada, tomando la condición de servidor, y se hizo semejante a los hombes. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en una cruz. Por eso Dios lo engrandeció y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos, y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Llegamos, una vez más, a la Semana Santa, en la cual celebramos el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Jesús de Nazaret, verdadero Dios y verdadero hombre, viene en el nombre de Dios a la vida de cada uno de nosotros, con una misión: "No he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo". Acompañemos estos días a Jesús en su Pasión. Quedémonos junto con Él, con la Virgen María y el joven apóstol san Juan, a los pies de la Cruz. Contemplemos su cuerpo inerte y su sepultura. Guardemos silencio y meditemos este gran misterio de amor. Pidámosle al Padre que al concluir la Semana Santa, podamos también experimentar en nosotros la victoria de la Resurrección de Nuestro Señor.
Se fiel a tus principios, a las personas, a los compromisos, a tus propósitos. Puede que, por flaqueza, se quebrante alguna vez la fidelidad prometida como norma de vida. Un error momentáneo, una falta, no empañan la recta trayectoria del vivir leal y consecuente.